domingo, 30 de abril de 2017

La cuenta atrás y la gran revelación.

Pues sólo los quedan 5 semanas.
Si el embarazo de Pichón fue rápido, este ha sido poco menos que un suspiro.

Entre tutorial y dossieres me estoy pasando esta temporada, inmersa en la formación que estoy dando además de todo lo que ya hacía. Así me paso el último trimestre, en un ¡ay!. Intentando llegar a todo y con todo lo importante por hacer.

No he preparado nada. Ni ropa, ni bañera/cambiador, ni cuna, ni carro... todo repartido entre mi sobrino y mi trastero. Vamos, un desastre total.

Entre tanto, este embarazo ha sido tan extraño como fugaz. Desde luego como el primero, no hay ninguno. En muchísimos aspectos.

No quise saber el sexo del bebé. Y aguante pasadas las 20 semanas que, se les escapó. Luego, no me daba decidido por los dos nombres elegidos. Fue la inocencia y la ternura de Pichón lo que me ayudó a decidir. Esta vez me tocaba elegir a mi.

Para rematar, esta en podalica. Vamos, que todo nuevo para mi.
Total, que sobreviviremos, además ya tenemos colegio, que eso ha sido de traca.

Por cierto. ¡Es una niña!

Un abrazo enorme.

lunes, 23 de enero de 2017

Cada embarazo, un mundo: comparativa entre 2013 y 2016

Purita verdad.

Es que no hay dos embarazos iguales. Eso es que es niña.  Eso es que es niño. Cada cuerpo es un mundo.

Bueno, pues es verdad. Jajajajaja, no hay dos iguales, cada cuerpo es un mundo.

Recuerdo el primer trimestre del embarazo de Pichón como una mala semana de ardores y pesadez a muerte y ya. Se acabó

Pero en este... haaaaaay en este:
- Dolor lumbar 1 semana antes de la falta.
- Estómago revuelto varios días antes de la falta.
- Náuseas a partir de la falta y hasta la semana 12.
- Seudo vómitos (de esos que no echas nada pero el estómago se te sube a la garganta igual) desde la semana 5 hasta la 12.
- Sueño de la muerte y cansancio.
- Sabor metálico y chunguero en la boca desde la semana 7 hasta la 17. Y a veces ahora también.
- Poca hambre, imagino que debido a todo el malestar estomacal.
- Caída del pelo brutal. Pero de la que asusta (casi peor que el posparto )
- Pesadez y acidez, sumado a todo lo anterior en modo non*stop durante 3 o 4 semanas. A veces, días alternos.
- Super olfato de maldición.

Una maravilla, vamos. Bueno en realidad no me quejo. He probado todo tipo de remedios contra la acidez, la pesadez y las náuseas (infusiones de manzanilla, de jengibre, comer galletas saladas o cualquier otro snack del estilo, beber a sorbos, comer poco muchas veces, fruta pero no manzana ni cítricos, pastillas antiemeticas naturales...) y lo único que hizo algo fueron las cosas frías. Tomaba helados de hielo, cremosos, agua bien helada, algo de leche de la nevera... fue lo único. Eso y dejar que pasen las semanas.

Ya casi estaba pensando que me iba a tocar vomitonas hasta el final como a la pobre de mi hermana cuando desaparecieron. Y no es que fuese una tortura porque eran molestas pero relativamente llevadera con unas pautas, lo peor es compaginarlas con la maternidad de un niño de casi 3 años que quiere estar contigo a muerte siempre.
Creo que fue lo que peor llevé. La impotencia de no poder estar al 100% con Pichón por mi malestar. Cuando sólo me pasaba estando totalmente tumbada, quería que jugará en el suelo. Cuando accedia, a los poco minutos salía pitando al baño. Con los varones de la casa preocupados, a veces asomados a la puerta con cara de circunstancia y otras oyendo corretear al mico rubio para, cuando me giro a adecentarme y secarse las lágrimas que se me caí en solas del esfuerzo, me miraba con cara de circunstancia sin entender nada.

Con las semanas, a veces se acercaba al baño con los brazos abiertos a voz  de... "mamá, abraaaaazoooooo!!!!!". Y yo, con mis pelos de loca, los ojos rojos y el papel de las babas en la mano, le daba un achuchon como si no hubiera otro mañana y lloraba. Pero lloraba de ternura, por que su abrazo era de consuelo y de amor. De esos en los que los cuerpos encajan y se para el tiempo, y ninguno quiere levantar la cabeza para romper la magia. Incluso aunque uno de los dos tenga más náuseas, y se las tenga que aguantar como puede.

Pues eso, no ha sido una maravilla como con Pichón, pero tampoco una queja. Igual es que ya con mis 21 seemanas la vida se ve de otra manera. Quien sabe!

lunes, 28 de noviembre de 2016

Frases célebres II: no hay dos embarazos iguales.

Tal cual, una gran verdad. Doy fe; hago constar. Vamos, que al menos yo, no estoy viviendo el mismo embarazo.

Las primeras razones son obvias: ya tengo un hijo que antes no tenía, claro. Sólo me ocupaba de ir a clase, trabajar y disfrutar.

Ahora la vida es bastante diferente. Un negocio que alimentar, un niño de casi 3 años al que atender y con el que jugar, una casa que hacer, y lo que surja. Vamos, diferente de principio a fin.

Ya si nos vamos al tema en si de la frase, que viene siendo que no te encuentras igual en todos los embarazos, también dure que efectivamente no.

Aún con todos los miedos a las pérdida y los riesgos inherentes a mi malformación uterina (añadanle ahora una cicatriz de cesárea al asunto) el embarazo de Pichón fue de cuento. Total y absolutamente. Una semana de pesadez y ardor de estómago fue todo lo malo que me llevé. Una semana de 37. Ni media queja tengo.

Confiada que es una, me dije... "con suerte será lo mismo". Y un jamón!!! Las diferencias de la sintomatología en si son estas:

- Con Pichón  no me enteré ni de cuando había ovulado. Con polluel@ me enteré bien enterada. Desde que fui madre allá por el 2014 he contado con los dedos de la mano una ovulación molesta, cosa que antes jamás tuve. En el ciclo de concepción prácticamente puedo deciros sin miedo a quivocarme que día de fecundo el óvulo. El dolor me duró una semana en varias intensidades. Y un dolor de lumbares bastante serio que se pasó justo el día del sangrado.

- Sangrado de implantación. Con Pichón apareció en la semana 7 de forma residual. Con polluel@ lo tuve religiosamente el día que tocaba por calendario. Por si ya casi no tenía claro, con esto fue transparente.

- Con Pichón no tuve tiempo de casi acordarme que igual estaba embarazada. Y aunque ahora no disfruto de menos quehaceres debo decir que ya antes de la falta estaba para el arrastre. Estómago revuelto, sueño mortal, dolor de lumbares, dolor de pecho (y la vena marcada) el olfato...

- Con Pichón no tuve náuseas. Ni vómitos.  Con este ya he perdido la cuenta de las visitas a mi amigo Roca. Realmente vomitar de vomitar sólo dos veces, pero las arcadas me vienen igual y casi son peor. Me postran sobre el inodoro hasta que me gotea la nariz y me.pongo roja del esfuerzo, pero sólo sale saliva. Con lo a gusto que queda una liberando el estómago en estos casos, pues nada.

- Con Pichón los olores me revolvian el estómago. Con polluel@ me dan arcadas directamente. De las de ir corriendo al baño, de las de bajarse del bus y que te de el aire, en ese plan.

- Con Pichón y como ya os contaba, pesadez y ardores fueron una semana. Aquí es un continuo. Y aunque ya hemos mejorado, así sigo.

- Con Pichón me dio por el dulce todavía más. Ahora muero por el salado aunque ya voy bajando los niveles. Es oler chorizo o jamón y volverme loca. Parezco un sabueso por la calle si bueno a comida, y en el super.... en fin, yo antes era de las que paraba para coger chocolatasticos variados y ahora salgo con snacks y bolsas de patatillas.

Y esto, en los síntomas inmediatos. Que ya  vendrá lo demás. Si es que a veces la sabiduría popular podría tener menos razón, jolines, con lo bien que me venía ahora un embarazo tranquilo y el regulero haberlo pasado primero.

Pero bueno, ni media queja, porque estoy feliz de poder estar embarazada aunque sea con náuseas hasta en el parto. Además me siento muy cuidada por mis chicos aunque Pichón a veces no entendía que no podía sentarme a jugar con él, que es lo que más me ha dolido de todo.
El otro dia, después de una semana sin náuseas, fui a darlo todo. Tanto escándalo hice, que oigo correr a mi rubio por el pasillo al grito de... "Mamá!!!  Abrazooooooo!!!!!"
. De pronto, se me pasaron. Me limpié y me agache a darle un apretón. Creo que nos mantuvimos unos 2 minutos así, sin movernos. Hasta se me escapó una lagrimita. Mi chico pequeño sabe que a veces, no estoy bien, y sin embargo viene a consolarme así. No le puedo querer más.

Es o no es para dejar de lado las incomodidades de un nuevo embarazo?

sábado, 26 de noviembre de 2016

Frases célebres: Estas loca.

Con alegría y buen humor me tomaba yo este comentario de una amiga. Paradójicamente sus hijos se llevan 21 meses y no los casi 3 y medio que se llevarán los míos, que a lo tonto, se notan.

¡Locaaaa! Le dije yo, ya dos veces a mi compañera de batallas, hijos unidos por una misma fecha. Pero un loca amoroso, del que te dice alguien que lidia con niños de edades similares y sabe d buena tinta (por sus progenitores) que dos hermanos seguidos es un suicidio. Mi madre también lo corrobora.

¡No sabes lo que has hecho! Bueno... Creo que ambas lo sabemos bien, jajaja. No hace falta entrar en detalles, los niños no llegan en cigüeña, pero ya que lo mencionas, si, como una cabra. Llevaba dos años pidiéndomelo el cuerpo, y me doy el gusto. Los miedos sin embargo, no se van nunca.

¡Ya verás! Oiga, amenazas las justas, si tan terrible es no habría población suficiente. La vida son todo experiencias y madurar con ellas.

¿Y qué hacéis con Pichón? Nos lo comeremos, ñam ñam. ¿Pues qué haremos? Vivir los 4 felices! Aaaaah, que lo dices por la cama de colecho, pues añadir una cuna y ocupar casi todo el ancho de pared (135+90+60). Seguro que será divertido! Ya se ira,no te preocupes.

Los niños mejor seguidos. ¿ En qué quedamos? Loca o cuerda? Tengo yo ahora las neuronas para procesar, después de cómo me han quedado este último año y medio.

Pues así es, a mis casi 13 semanas y recién soltado el bombazo, lo que una tié que aguantar.

Un abrazo!




lunes, 21 de noviembre de 2016

Mi mejor año. Balance del 2016

Nunca es mal momento para hacer balance de lo que has vivido. En esta ocasión me apetecía hacerlo ahora, porque me siento muy completa.

El último año -en general- ha sido difícil. Sobre todo muy estresante lo que derivó en algún problema de salud físico de acumular ansiedad y estrés luchando mano a mano para ver quien podía terminar mejor conmigo. Lo bueno de que el tiempo pase, es que se cierran etapas y comienzan otras y aunque empecé 2016 colapsada ante tanta tarea pendiente -inamovible- debo decir que ahora lo miro hacía atrás con otros ojos.

Primero lo que me lastraba, que fue lo que más me trajo por el camino del delirio y que pude finiquitar en Julio. De forma más que satisfactoria, al menos.

Luego, lo que me busqué. Mi propio negocio. Negocio tengo, no justo lo que yo creía y por lo que llevaba un año planificando, citas con asesores, con el Banco, con el personal... una vuelta completa. La vida es muy caprichosa, y los contratiempos me llevaron a donde estoy ahora. Poco a poco.

Un alto en el camino, la alegría Suprema de ser tia. Revivir etapas, sacar las cosas de Pichón y ubicarlas en otra casa, para otro bebé. Ahora me voy a vengar y seré la tía c onsentidora, jajaja.

Obras. ¡Obras! Y una mudanza. Lo que yo creía dos meses... han sido 5 larguísimos meses.

Más celebraciones. ¡Una boda! La nuestra, tras diez años. Escasitos pero exquisitos. Una boda perfecta, intima y llena de detalles. Fue tremendo! Felicidad a flor de piel.

Y la guinda. Un deseo que latía hace tiempo, que pospuse por un lastre, por un negocio -y por salud-, por una vida y por obras&mudanza.
Seré mamá de nuevo en Junio.

No puede ser mejor.



miércoles, 16 de diciembre de 2015

Ideas para almacenar y guardar ropa de bebé

Llamadme loca, pero lo que a mi me gusta guardar cositas pequeñas no es normal. No hablo de organizar bisutería, alfileres o piedras del parque sino de las cosas del bebé.

Pichón, que ya empieza a quedarse lejos del bebé que fue -y del término bebé en general- tiene bastantes cosas guardadas, no para él logicamente porque ya no le valen, sino para los que vengan bien sean nuestros o de los tíos.

Algo que disfruté de hacer mucho en el embarazo fue organizar, clasificar y ordenar la ropa por tallas y estación. Ese fue mi síndrome del nido, por decirlo de alguna manera. Pues que cuando me dieron toooda la montaña de ropa de bebé todavía no teníamos el piso como Dios manda, la clasificación la hice en casa de mis padres y me lo pasé pipa. Eso de coger bodys de distintos tamaños y pensar que es muy pequeño o demasiado grande es una sensación indescriptible. Luego los bebés nacen, crecen  se reproducen y miras la ropa que se les ha ido quedando pequeña y piensas que en qué momento creíste tu que ese pijamita verde era enorme para tallar 6 meses cuando ya le ha quedado pequeño recién cumplidos los 5.

Cuando estás embarazada toda la ropa de bebé parece gigantesca, especialmente los pijamas enteros. Repitiendo el mismo ejemplo de antes, cuando Pichón cumplía un año y yo clasificaba la ropa talla 2-3 miraba los pijamas boquiabierta de lo grandísimos que me parecían, y las camisetas se me antojaban para un niño de 4 años. Ahora, los llena, y a mi me vienen los recuerdos de aquellos meses en los que no me parecía que el tiempo fuese a pasar taaaaan rápido. Pero venga, que no me lío.

Las manchas fantasma.

Un daño colateral de la lactancia materna es el contenido en grasa que tiene la leche, y que si por cualquier motivo toca la ropa del bebé es muy probable que ya quede ''marcada'' de por vida.

 Me explico: Pichón usó pezonera practicamente toda la lactancia, esto suponía que a veces la quitaba sin querer o se soltaba por un mal movimiento cuando Pichón estaba dormido. Esto hacía que hubiese un pequeño charquito al final y al quitarla se vertiera parte del contenido, o mismamente que al quedarse dormido dejase resbalar los últimos tragos.
¡Ponle babero! Pensaréis. Ya, ya, el problema es que los baberos me parecen un rollo para un recién nacido, como que no le veo cómodo. Los usé pero sin atar, se los ponía entre el cuello y la parta baja de mi pecho para que, en caso de goteo, no le mojase la ropa porque además habría que cambiársela después.

Aún con todo, es inevitable. La lavas, se seca y la guardas impoluta, pero cuando vuelves a abrir esa caja varios meses después, las manchas amarillas en la zona de los hombros -o donde caiga la leche- hacen acto de presencia. Es como un hecho paranormal, lo vuelves a lavar, se seca y lo guardas impoluto. Y vuelves a abrir la caja varios meses después y ahí sigue, la maldita mancha, como si fuera un fantasma del pasado.
A día de hoy no he encontrado la solución para que no aparezca.

Dónde y cómo guardar la ropa.

Yo le he ido guardando por tallaje y estación. Para empezar he pasado de cajas de cartón o bolsas de plástico porque ese es el principal motivo de deterioro de la ropa, por lo que me hice con un arsenal de cajas de plástico con tapa.

1. Hice distintas torres:
-Bodys.
-Camisetas.
-Pantalones.
-Varios (calcetines, guantes, gorritos, baberos...)


Ropa de Pichoncete de 0 a 3 meses.

2. La caja la dividí en dos, en una mitad metí la ropa de manga larga y más gordita y en la otra de manga corta y más veraniega. El caso es que poca ropa os coincidirá así y más bien será cuestión de tallas. Por ejemplo, Pichón tiene prácticamente toda la ropa de 0-6 meses de otoño invierno, con alguna cosa de manga corta y primaveral por el medio que he puesto al final. Luego toda la de 6-9 es de verano, y a partir de ahí vuelta al invierno. Teniendo en cuenta que esto es Galicia, es probable que en zonas de climas extremos os suceda lo mismo y acabéis simplemente guardando por tallaje y no por estación.

Al principio y por comodidad iba guardando según se le iba quedando pequeño, al final cada semana iba a la caja a guardar y me parecía un rollo -luego os digo el porqué- por tanto, decidí que iba a acumular en uno de sus armarios la ropa que no utilizaba hasta que hiciese el cambio completo de talla y así poder guardarla toda de una vez, bien ordenada. A día de hoy es como lo sigo haciendo.
Luego, al meter según queda pequeño te encuentras que toda la ropa de recién está al fondo, y de cara a un nuevo uso no me parecía cómodo  y le di otra vuelta de tuerca: acumulaba dos tallas de ropa y metía primero la grande y luego la pequeña.

Siento nostalgia bebil.

La primera caja que cerré va ordenada así: de abajo a arriba, 3 meses, 1 mes y recién nacido. La próxima vez que la abra tendré primero lo de recién nacido y no la talla 3. Esto ya son manías de una.
3. Para separar entre tallas y que no se mezcle la ropa utilicé las toallas de baño que se le fueron quedando pequeñas en ese tiempo. Si no tienes puedes usar algún tipo de bolsa de plástico o papel de burbujas (recuerda, el cartón y el papel deterioran la ropa).

Separador entre tallas, una toalla.
4. Para terminar, una vez que la caja está completa, la cierro bien y la encinto en la junta de la tapa con la caja con cinta de carrocero. La intención es que no se me puedan colar arañitas o bichos varios, que no entre polvo y demás. La principal desventaja es que si algo podía respirar la ropa, de esta forma no respira nada, pero en mi casa tenemos habitantes salvajes que nos entran por la terraza y ya nos hemos llevado sorpresas entre la ropa, me daría mucha rabia sacar las cositas de bebé y encontrarme una araña muerta en el medio.

Caja terminada y bien cerrada. Protección anti bichos.

5. Marcar la caja: lo que hay dentro y la talla. Luego almacénala donde más te guste.

Y de regalo, una de Pichón jugando con la ropa mientras la guardaba.



Y vosotras, ¿Cómo habéis organizado la ropa de vuestros peques? ¿Cajas, armarios, la habéis regalado directamente?

viernes, 4 de diciembre de 2015

Cómo cambiar el freno de Jané Muum

¡Ay amigas! Lo que he sufrido yo con mi carro cuando se me rompió el freno una buena tarde, hace ya un año. En mitad de la calle, con la rueda bloqueada y sin poder echar a rodar a 100 metros de mi casa.
Tuvo que venir PapáPichón al rescate para cargar con la silla plegada el tramo que nos quedaba y yo con Pichoncete en brazos dando saltos a placer.

Lo cierto es que si una pega le tengo que poner a nuestra silla favorita, es el tipo de freno que tienen los Muum antiguos, pues el nuevo tiene incorporado un freno pedal -de pie- con otro sistema, presupongo que mejor y más duradero. Los frenos de Jané Muum de los últimos años son como unos frenos de bici: dos cables de acero sujetos a unos tiradores con unos muelles, y ya.
La mala suerte y mi poco afán por revisar el carro a menudo  -cosa que veo innecesaria- hizo que no me fijase en que uno de los cables estaba empezando a deshilacharse, con lo difícil que es eso en un cable de acero, pero deduzco que con el uso y el roce de la pieza de plástico la cosa fue a más.